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CRÍTICA DE CHAPPIE , CIENCIA-FICCIÓN CON ALMA.

Innovar no es fácil. Si algo nos han demostrado ese número incontable de propuestas palomiteras hollywoodenses que pueblan nuestras carteleras año tras año y que se asemejan entre ellas mucho más de lo que se merece el incauto espectador que paga su entrada esperando ver por fin una propuesta refrescante, es que la innovación en el celuloide está, salvo honrosas y contadas excepciones, en punto muerto. Partiendo de esa triste realidad cinéfila, podemos ir un paso más allá y asegurar tajantemente que uno de los rincones más maltratados por la evidente falta de ideas que reina en los guiones cinematográficos actuales es el de la ciencia-ficción, antaño glorioso género que nos dio lo mejor de sí en una época ya lejana en las que primaba el ingenio de los libretistas y directores por encima de lo visual, ya que a diferencia de hoy en día, existía una carencia tecnológica que no permitía volcar todo el peso de una película en constantes efectos especiales tan efectistas (valga la redundancia) como innecesarios.

No es que este humilde plumilla esté en contra de unos buenos y costosos FX, pero quiero creer que ese recurso debe servir como apoyo necesario para contar una buena historia (Nolan, Interstellar) y no como excusa para hacer olvidar al espectador que lo que está viendo es un sinsentido repleto de fallos argumentales, malas interpretaciones o leitmotiv absurdos (Michael Bay con su saga Transformers, por dar un solo ejemplo). Perdonad esta diatriba que carga sobre el exceso de efectos de las producciones actuales, pero creo que dejando clara mi opinión (debatible por quien guste) al respecto de la excesiva implantación de CGI en ciertas producciones de hoy en día, entenderéis mejor la positiva sensación que ‘Chappie’ causó en mí durante su visionado.

¿Acaso ‘Chappie’ carece de espectaculares explosiones, imágenes infográficas de última generación y zarandajas similares? Que no se preocupe el espectador que dé más importancia al envoltorio que al regalo. El metraje de la película está repleto de esas virguerías, pero (y es aquí donde quiero llegar) en este caso todo ese despliegue técnico es necesario, útil y al servicio de la historia. Porque ‘Chappie’ necesita lo visual para hacernos olvidar que el relato de su protagonista no puede ser real. Porque ‘Chappie’ logra innovar en su género al guiar al espectador por un camino sutil, hábilmente trazado por su director, en el que se acaba por dejar en segundo plano lo espectacular del envoltorio para centrarse en el alma de su protagonista robot.

‘Chappie’ es ciencia-ficción pura y dura, pero no se queda solo en eso. El último trabajo de Neill Blomkamp  se aleja de la fuerte carga social de sus dos anteriores trabajos (Elysium y District 9), pero aún así el sello Blomkamp de cine de género con calidad y cierto trasfondo se mantiene en esta producción de presupuesto escueto (50 millones de dólares) que luce un apartado visual capaz de competir con películas de mucho mayor coste. No tenemos un mensaje social tan claro como en ‘District 9’, ni el director ha contado con los recursos que manejó en ‘Elysium’, pero en ‘Chappie’ Blomkamp puede jugar con con el mejor personaje protagonista (hasta el momento) de su filmografía: Chappie, el robot que da título al film. Un (en principio) inerte e impasible robot policía se vuelve por obra y gracia de su creador en un ser consciente capaz de conmover con su ternura de una forma que pocos protagonistas-robots han logrado en la gran pantalla.
En el film podemos ver como esa máquina insensible y creada para mantener el orden y la ley a cualquier coste muta en un triste niño-robot de aprendizaje rápido pero inocencia y principios incorruptibles, unas características que han hecho que muchos se acerquen a la obra con los referentes de ‘Robocop’ o ‘Cortocircuito’ en sus mentes. Si bien la historia de máquina-más-humana-que-muchos-humanos no es nueva y la hemos visto proyectada en el cine incontables veces, la manera de Blomkamp de llevarnos al alma de Chappie sí podemos afirmar que es fresca y atractiva. Al comienzo de la película se puede llegar a pensar que el plato fuerte serán las dinámicas e inteligentes escenas de acción, pero cuando ya hemos aceptado que con ese menú podremos darnos por satisfechos, la sorpresa se vuelve mayúscula para el despistado espectador al verse sumergido (y gratamente conmovido) dentro de la inesperada humanidad del protagonista y lo dramático de algunas escenas.


Es esa montaña rusa en la que Blomkamp nos sitúa lo que hace que mi opinión de su película sea tan marcadamente positiva. En ‘Chappie’ podemos disfrutar de solidas escenas de acción y de un atractivo y tierno viaje de aprendizaje a través de los ojos del robot protagonista que termina emocionando a la platea con una intensidad que hoy en día se antoja difícil de encontrar en producciones de este corte.

En cuanto el trabajo actoral, disfrutamos con los gestos y el gran trabajo de voz de Sharlto Copley, el actor fetiche del director, interpretando al robot protagonista. También tenemos al siempre solvente Hugh Jackman, en esta ocasión interpretando el papel de un villano bastante plano y con absurdas motivaciones (único punto negro para mí de la película), a un Dave Patel (Slumdog Millonaire) espléndido como de costumbre y a Sigourney Weaver en un papel mínimo pero que agradecemos que haya recaído en ella. A destacar entre los ¿secundarios? la credibilidad del trabajo de la pareja formada por Ninja y Yolandi Visser, componentes de la banda de electro-rap Die Antwoord, a los que te crees de lleno en sus papeles de macarras aspirantes a mafiosos de segunda categoría porque, efectivamente, podrían serlo en la vida real.
La fotografía del film corre a cargo de Trent Opaloch, habitual en la filmografía de Blomkamp y continuista con la calidad de sus trabajos en ‘District 9’ y ‘Elysium’. El compositor escogido para dar música a la obra es el gran Hans Zimmer, y con eso creo que ya está todo dicho. Hará sin duda las delicias de los habituales del afamado autor.
En definitiva, ‘Chappie’ es ciencia-ficción con alma, con alma y con calidad. Una película que entretiene y que emociona con un protagonista inolvidable. Y todo ello rodeado de unos espectaculares FX, muy meritorios dado el presupuesto de la película, que sirven para apoyar la historia y no buscan eclipsarla.

Por Adolfo Saro

Ministerio del Tiempo: Mucho más que Dr Who

Como mis conocidos ya saben,  los viajes en el tiempo son una de mis temáticas fetiches no podía perderme el estreno en TVE de ‘Ministerio del Tiempo’.

Desde que se dio a conocer el proyecto se le tildó de ser un  ‘Dr Who a la española’,  nada más lejos de la realidad. Si nos prestamos al juego fútil de buscarle referentes, más que con el alienígena de la cabina azul,  ‘Ministerio del tiempo’ parece beber de fuentes anteriores  como pueden ser la novela de Asimov  “El fin de la eternidad ” o el tebeo de Mézierès ‘ Valerian, agente espacio temporal’. En ambas obras existen organizaciones  (‘La Eternidad’ en el caso de la novela de Asimov, ‘Galaxity’ en Valerian, el ‘Ministerio del Tiempo’ en la serie de TVE) que se dedican a reclutar agentes de distintas épocas  para proteger la línea temporal que lleva al presente de dicha organización.

A la hora de situar la acción en España , lejos de caer en el costumbrismo carpeto vetónico y de remitirse al ‘Vuelva usted mañana’ de Larra que podría inspirar el título (y que sólo Berlanga podría haber realizado con éxito)  la serie producida por  Cliffhanger opta por una organización al estilo de los Hombres de Negro.Es difícil no recordar el reclutamiento del agente J en el el alistamiento forzoso del protagonista, o el uso de un humor surgido de situaciones y no de chistes que pueblan la trilogía de Sonnenfield.

Los hermanos Olivares orquestan bien las referencias, sin miedo a ocultarlas ( El protagonista recordando que la aventura en 1808 se parece al argumento del primer ‘Terminator’, o la similitud de uno de los personajes con Alatriste, por ejemplo) construyendo su propio universo sin complejos.

No me olvido de un reparto en estado de gracia. Donde a diferencia de muchas series actuales donde cada actor parece estar en una serie distinta al resto, el plantel de Ministerio del Tiempo es un engranaje bien ajustado al servicio de la serie, desde Cayetana Guillén-Cuervo, al veterano Jaime Blanch y sobre todo a Rodolfo Sancho (Increíble su progresión actoral) y un enorme Nacho Fresneda en su papel de émulo de Alatriste (otra referencia no ocultada en el piloto)

Viendo Ministerio del Tiempo por ritmo, género y factura podríamos pensar que estamos ante una serie de aventuras realizada en la BBC o una cadena de cable americana. mezclados con un tono muy español. Sin olvidar a Chejov cuando decía: “Si quieres ser universal háblame de tu pueblo” la serie aborda situaciones, ambientación y temáticas muy españolas. Huyendo de leyendas negras o loas a unidades de destino en lo universal.

El que quiera ver política o ideologías que huya a tertulias y programas de opinión de sobremesa, ‘Ministerio del Tiempo’ es aventura. Y de la buena ojo.

The Newsroom: punto final

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Regresa The Newsroom con todas sus señas de identidad: ritmo rápido y ágil con diálogos trepidantes e inteligentes que no dan tregua a un espectador despistado ocasionalmente. Vuelve, sin embargo, menos dramático que en la segunda temporada, con más dosis de humor y un mayor desarrollo de las relaciones personales de sus protagonistas, algo quizás, inevitable, pero que le hace perder cierta esencia, la de centrarse en el hecho periodístico objeto de la trama e hilo conductor de la temporada. Resulta curiosa en esta temporada la relevancia otorgada a las redes sociales y la lente con la que se miran, con un trasfondo de desaprobación de las mismas frente a una ratificación del periodismo de toda la vida. Esta casta de las noticias no permite un empoderamiento periodístico del ciudadano, una participación activa en la creación de noticias, que si bien, como todo, tiene su lado oscuro, tiene el gran poder jedi de la democratización de las tradicionales áreas de poder.

The Newsroom se despide en esta tercera temporada para disgusto de sus seguidores, que encontramos en la serie vertiginosos diálogos centrados en las noticias, competitividad despiadada entre los mass media, lucha de egos, y en una exaltación americana de su cuarto poder y su primera enmienda.

En fin, ese periodismo americano en contraposición con ese periodismo “Le Monde Diplomatique”. Y en medio Twitter y Facebook, la llamada autocomunicación de masas. Lo importante como siempre es que la elección esté en el ciudadano.

The Honourable Woman

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La inestable situación en Oriente Medio es el actual escenario de los conflictos internacionales quedando reflejados en la filmografía actual y series de televisión, sustituyendo  al antaño binomio capitalismo-comunismo de los años de la guerra fría. La idea de la coexistencia de dos Estados en Oriente Medio es una idea utópica pero sin embargo cada vez más factible. Israel se queda por momentos más solo internacional e internamente. En sus entrañas muchas más voces claman por una resolución del conflicto y por reducir la senda de las colonizaciones, los muros y los disparos.

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Esta premisa y su mezcla con los  negocios que toda guerra o conflicto conlleva es  el punto de partida de The Honourable Woman, donde Nessa Stein una empresaria londinense y de origen israelí trata de conciliar las posturas israelitas y palestinas a través de sus negocios. La serie, con sello de la BBC, presenta una puesta en escena exquisita y muy cuidada creando un entramado oscuro de relaciones diplomáticas, internacionales y empresariales donde nadie puede confiar en nadie. Con un regusto a series ya vistas, en algunos momentos recuerda a Homeland, en su primera temporada (la escenas rodadas en territorios árabes o los créditos de comienzo), a las obras maestras de suspense de Hitchock y a películas con ambientación en el conflicto bélico como la magnífica Incendies (de hecho, su protagonista Lubna Azabal  hace de turbadora niñera de los Stein en la serie). Dicho esto, la serie, lejos de ser un refrito, adquiere una identidad propia, con un estilo original para dar lugar a una trama que te atrapa desde el primer momento, donde se combinan intrigas empresariales, acción, suspense, relaciones internacionales y unos diálogos rápidos pero implícitos que fuerzan al espectador a entrar en el juego de la suposición. Para conseguir todo esto, la serie se nutre de un elenco de actores británicos ya conocidos por muchos, entre otros a Katherine Parkinson, que interpretaba a Jen de IT crowd (que supera con nota su rol dramático igualándolo a su excelente bis cómica), a Eve Bests, la doctora Eleanor Ohara de Nurse Jackie, así como a la citada Lubna Azabal. En definitiva es un ejemplo de lo que ya Amos Oz decía en 2001 “no hay que estar a favor de Israel o Palestina, hay que estar a favor de la paz”.

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